19. Narra un día cualquiera en la vida de un monstruo

Uf, he dormido fatal. Nunca me acostumbraré a esta cueva. Es pequeña, no es cómoda para dormir y entran corrientes de agua muy frías. Pero a pesar de todo esto me reconforta. Estoy lejos de mi casa y puedo pensar con calma. Justo lo que uno necesita después de haberse peleado con su pareja. Cada vez que tengo una discusión fuerte con mi monstrua* vengo aquí. ¿Os habéis dado cuenta de que las peores discusiones empiezan por una tontería pequeña? Esta vez ha sido porque había dejado restos de comida en el suelo y no los recogí.

—Yo no soy esclava de nadie, ¿me entiendes? Ya está bien de limpiar y limpiar… ¡estoy harta! Me tenía que haber casado con Enteroctopus. ¡Qué guapo y qué partidazo!

Ésas eran sus palabras. No soporto que me diga eso. Enteroctopus es un fantasma. Presume que es un pulpo gigante. Su único logro es tener fama de ser muy baboso.

—Ah, ¿en serio? Vale, pues, me voy un rato por allí. No me apetece oír esas bobadas —le contesté ofendido.

Entonces, aquí estoy, solito en una cueva sombría, pensando en mi amor. Por cierto, los humanos me llaman Nessie, monstruo del lago Ness, pero mi verdadero nombre es Bubák. Llevo viniendo desde ya hace décadas. Todo empezó con nuestra primera pelea, todavía como recién casados. Muy furioso salí de casa en Las aguas del Kraken (el océano Atlántico), y nadé fuera de mi zona de confort, nadé más allá del horizonte y seguí nadando. Nadé hasta que llegué a unas costas y descubrí un túnel natural que se perdía en la oscuridad.

Entré en el túnel y salí en un lago con agua dulce. El sabor no me desagradaba, al contrario, era muy refrescante y me relajaba. Tomé mi tiempo para explorar el lago. Encontré la cueva y comprobé que había otra conexión con el mar al norte del lago. Desde el primer momento me sentí muy a gusto aquí. Estaba lejos de todo y de todos, disfrutando paz interior como nunca. Después de unos días de reflexión decidí volver a casa. Hicimos paces muy apasionadamente con mi monstrua* y todo arreglado.

La segunda vez en el lago sentí algo diferente. Había más gente. La primera vez que estaba recuerdo haber visto solamente a un pescador solitario, en su barco. Cuando saqué la cabeza, los humanos exclamaron de asombro. Me quedé algo confuso y ya no salí a la superficie.  A la tercera lo entendí todo. La gente deseaba verme. Construyeron hoteles en la orilla y venía gente de todas partes del mundo. Me convertí en una leyenda sin querer.

He creado mi rutina en el lago. Me suelo estirar un rato después del desayuno (hay unas algas y caracoles deliciosos aquí) y estoy pensando la estrategia para “aparecer”.  ¡Es tan divertido! Mi movimiento favorito es ir nadando cerca del nivel de agua creando una silueta. Me apasiona excitar a la gente, crear la magia y el misterio. Mis dos corazones dan brincos de alegría.

Hablando de alegría. Seguro que mi monstrua* me estará echando de menos. Es tan guapa cuando se enfada. La amo, aunque  a veces me saque de mis casillas.

 

*palabra “monstrua” no existe, me la he inventado exclusivamente para este relato

Foto: www.hipertextual.com

 

Las normas de este reto  creativo encontréis en las siguientes páginas de las dos creadoras:

La Pluma de Katty

No soy adicta a los libros

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